Desde 1933 no ha habido un momento más difícil en la historia de Estados Unidos. Y ser Presidente en estos momentos es como sacarse la rifa del tigre. Con los mercados inmobiliario y de valores en mal estado, el Medicare, dos guerras en el exterior y una recesión mundial en puertas, entre otros problemas, parecería que no es el momento ideal para llegar a la Casa Blanca. Pero los americanos han elegido a un líder que los ha inspirado a un cambio, que se espera que sea en las políticas de la Administración Bush que tanto le han costado a este país. Barack Obama llega al poder con un buen capital político ganado por su excelente campaña, su mensaje sobre el cambio y por el optimismo que está generando que sea el primer presidente afro-americano. Es, en muchos sentidos, una vuelta al pasado, a los años en que John F. Kennedy provocó optimismo y atracción en millones de personas.
Pero los retos que enfrenta Obama son superiores a los que tuvo Kennedy, con todo y la Crisis de los Misiles. Nada en la historia personal del senador de Illinois lo ha preparado para esto y él lo sabe, así que se ha rodeado de gente con experiencia. Muchos de ellos fueron figuras prominentes en el Gabinete de Bill Clinton y los últimos rumores incluso hablan de pláticas entre Obama y Hillary Clinton para ofrecerle el puesto de Secretaria de Estado.
También las recientes encuestas muestran un gran apoyo y entusiasmo por la presidencia de Barack Obama. Su índice de aprobación como presidente electo es del 68%, superando el 60% de Clinton en 1992. Esto es, que cuenta con el respaldo de la gente, por lo que ante cualquier estorbo en el Congreso puede aplicar la técnica de "going public". Este amplio apoyo le servirá mucho para los enormes retos que le esperan porque las expectativas que su presidencia ha generado son muy altas y el costo de decepcionar a la gente son todavía mayores. Además, Estados Unidos no se puede dar el lujo de fracasar a estas alturas.
sábado, 15 de noviembre de 2008
viernes, 7 de noviembre de 2008
¿Qué le espera a México con la presidencia de Barack Obama?
Después de ocho años de gobierno republicano, nos toca ver un reajuste de las piezas en Washington. Aunque el análisis estaría completo con los nombres de quienes ocupen las posiciones más importantes en el gabinete de Barack Obama, tenemos que considerar que manejar una campaña no es lo mismo que gobernar (y para gobernar hay que dejar de hacer campaña).
Es decir, no todo debe ser optimismo pese a lo histórico de esta elección y la extraordinaria habilidad de Obama para los discursos. Que no se nos olvide que sus promesas no fueron hechas para los mexicanos sino para los estadounidenses, como la de los empleos y el libre comercio. Ésas son malas noticias para nosotros. Previo a las primarias de Ohio y Texas, Obama aseguró que buscaría que más fuentes de trabajo se quedaran en Estados Unidos y habló en contra de una renegociación del TLCAN, dado que en 2010 es la última fase de la apertura y no hay un futuro claro sobre lo que pasará con este acuerdo. Tampoco podemos olvidar que, pese a que votó a favor de ratificar un acuerdo comercial entre Estados Unidos y Perú, no ratificó el de Colombia y se opone a darle más ayuda a ese país para combatir el tráfico de drogas. Eso es una pésima noticia. Barack Obama carece de la experiencia y el conocimiento sobre los temas de la frontera y de la relación con México. El nuestro es un país que no ha visitado y cuando tuvo la oportunidad de viajar al exterior para mostrarse como Comandante en Jefe, o Ejecutivo, voló a Europa y el Medio Oriente. Creo que eso debe ser suficiente para que nos quede claro por dónde irán sus prioridades. Por otro lado, durante su carrera política no ha tenido mucho qué ver con comunidades mexicanas, excepto la gran comunidad mexicana de Illinois, pero aún asi, el acercamiento fue con los que son méxico-americanos.
Sin embargo, podríamos esperar que unas fueron las cosas que dijo durante esa elección primaria y otras las que puede hacer. Como Presidente, sus acuerdos comerciales deben recibir el visto bueno del Congreso y la ratificación depende de esta institución, no de él, pero le corresponde ser el principal impulsor del proyecto. Que tenga mayoría demócrata no le va a ayudar mucho. Es decir, puede ser que los primeros días haya una luna de miel, pero es inevitable que se busque medir fuerzas con la otra rama del poder supremo estadounidense. Y la lealtad partidista tampoco está garantizada. En 1993, Bill Clinton tuvo como aliados a los republicanos en la lucha por la ratificación del TLCAN y tuvo que negociar arduamente con sus propios correligionarios. Y eso que la situación económica entonces era mucho mejor que la de ahora.
No obstante, Barack Obama ha dado pruebas de un liderazgo formidable. A pesar de su corta carrera política, supo cómo arreglárselas para hacer a un lado a viejos lobos de la lucha por los derechos civiles como Jesse Jackson y Al Sharpton. Simplemente eran gente que representaba una visión que se está quedando obsoleta. Obama tiene ahora un liderazgo que no tuvo Bill Clinton en su tiempo. Pero, al igual que John F. Kennedy (otro senador novato), cuenta con un viejo zorro del Senado: Joe Biden, Jr., así que lo conveniente aquí sería que recayera en Biden para negociar con el Senado y apoyarse fuertemente en Hillary Clinton y en John McCain, que puede convertirse en uno de sus mejores aliados de hoy en adelante, como pudimos apreciar en su magnífico discurso de concesión.
A México le conviene extender la mano y aprovechar el inicio de la gestión de Barack Obama para proponer un borrón y cuenta nueva. Pero no puede esperar más de Barack Obama de lo que han sido los últimos cuatro años de George W. Bush. El precedente es que Bill Clinton hizo su primera visita oficial a México hasta su segundo período presidencial. Estados Unidos no puede ignorar a México y México no puede vencer sus principales problemas sin la ayuda de Washington. Por la importancia de la crisis económica no se habló de la inmigración y de los problemas que el narcotráfico le plantea tanto a México como a Estados Unidos. Ésa es una realidad que tendrá que afrontar el nuevo Presidente y va a hacer mal si continúa la línea de Nancy Pelosi en recortarle los fondos a la ayuda con México. Ahí sí que me gustaría ver un cambio en el que pueda creer. ¡Sí se puede!
Es decir, no todo debe ser optimismo pese a lo histórico de esta elección y la extraordinaria habilidad de Obama para los discursos. Que no se nos olvide que sus promesas no fueron hechas para los mexicanos sino para los estadounidenses, como la de los empleos y el libre comercio. Ésas son malas noticias para nosotros. Previo a las primarias de Ohio y Texas, Obama aseguró que buscaría que más fuentes de trabajo se quedaran en Estados Unidos y habló en contra de una renegociación del TLCAN, dado que en 2010 es la última fase de la apertura y no hay un futuro claro sobre lo que pasará con este acuerdo. Tampoco podemos olvidar que, pese a que votó a favor de ratificar un acuerdo comercial entre Estados Unidos y Perú, no ratificó el de Colombia y se opone a darle más ayuda a ese país para combatir el tráfico de drogas. Eso es una pésima noticia. Barack Obama carece de la experiencia y el conocimiento sobre los temas de la frontera y de la relación con México. El nuestro es un país que no ha visitado y cuando tuvo la oportunidad de viajar al exterior para mostrarse como Comandante en Jefe, o Ejecutivo, voló a Europa y el Medio Oriente. Creo que eso debe ser suficiente para que nos quede claro por dónde irán sus prioridades. Por otro lado, durante su carrera política no ha tenido mucho qué ver con comunidades mexicanas, excepto la gran comunidad mexicana de Illinois, pero aún asi, el acercamiento fue con los que son méxico-americanos.
Sin embargo, podríamos esperar que unas fueron las cosas que dijo durante esa elección primaria y otras las que puede hacer. Como Presidente, sus acuerdos comerciales deben recibir el visto bueno del Congreso y la ratificación depende de esta institución, no de él, pero le corresponde ser el principal impulsor del proyecto. Que tenga mayoría demócrata no le va a ayudar mucho. Es decir, puede ser que los primeros días haya una luna de miel, pero es inevitable que se busque medir fuerzas con la otra rama del poder supremo estadounidense. Y la lealtad partidista tampoco está garantizada. En 1993, Bill Clinton tuvo como aliados a los republicanos en la lucha por la ratificación del TLCAN y tuvo que negociar arduamente con sus propios correligionarios. Y eso que la situación económica entonces era mucho mejor que la de ahora.
No obstante, Barack Obama ha dado pruebas de un liderazgo formidable. A pesar de su corta carrera política, supo cómo arreglárselas para hacer a un lado a viejos lobos de la lucha por los derechos civiles como Jesse Jackson y Al Sharpton. Simplemente eran gente que representaba una visión que se está quedando obsoleta. Obama tiene ahora un liderazgo que no tuvo Bill Clinton en su tiempo. Pero, al igual que John F. Kennedy (otro senador novato), cuenta con un viejo zorro del Senado: Joe Biden, Jr., así que lo conveniente aquí sería que recayera en Biden para negociar con el Senado y apoyarse fuertemente en Hillary Clinton y en John McCain, que puede convertirse en uno de sus mejores aliados de hoy en adelante, como pudimos apreciar en su magnífico discurso de concesión.
A México le conviene extender la mano y aprovechar el inicio de la gestión de Barack Obama para proponer un borrón y cuenta nueva. Pero no puede esperar más de Barack Obama de lo que han sido los últimos cuatro años de George W. Bush. El precedente es que Bill Clinton hizo su primera visita oficial a México hasta su segundo período presidencial. Estados Unidos no puede ignorar a México y México no puede vencer sus principales problemas sin la ayuda de Washington. Por la importancia de la crisis económica no se habló de la inmigración y de los problemas que el narcotráfico le plantea tanto a México como a Estados Unidos. Ésa es una realidad que tendrá que afrontar el nuevo Presidente y va a hacer mal si continúa la línea de Nancy Pelosi en recortarle los fondos a la ayuda con México. Ahí sí que me gustaría ver un cambio en el que pueda creer. ¡Sí se puede!
martes, 4 de noviembre de 2008
Una victoria histórica
La victoria de Barack Obama marca un importante cambio generacional en Estados Unidos, como ocurrió con Bill Clinton en 1992. No sólo por la edad (47 años) sino porque se deja atrás a la generación de Baby-boomers a la que pertenecen los padres de Obama, Bush y los Clinton. Que una minoría llegue al poder en Washington es un gran paso. Que haya negros o hispanos en cargos públicos en sectores de mayorías blancas no es nuevo. En este sentido, Obama sólo sigue una tendencia que empezó hace algunos años. Pero su triunfo es una señal de que algo muy grande ha cambiado en el movimiento de los derechos de los negros: Obama tiene una nueva actitud que ha logrado añadir a su causa a más blancos de lo que nunca pudo Jesse Jackson, quien ha tenido que dar un paso atrás y ceder la estafeta, como muestran los datos de su avance en el voto de hombres y mujeres blancos (5% más que Kerry en 2004).
Aún así, Obama perdió en el Deep South, donde los negros son mayoría y 2/3 de los evangélicos votaron a los republicanos. Es decir, pese al triunfo de Obama el racismo no ha muerto. Se ha dado un paso muy importante al elegir al primer presidente afroamericano, pero eso no termina con la desconfianza y la férrea oposición que enfrentan los demócratas en esta zona. Es increíble que ni siquiera después del desastre administrativo y humanitario que fue el manejo post-huracán Katrina, los demócratas no puedan ganar una elección presidencial en esta zona (aunque les va mejor en elecciones para gobernador, senadores, alcaldes y representantes).
Por otro lado, no hay que olvidar que ésta es una generación acostumbrada a la tecnología cambiante. Los celulares, Facebook, YouTube, la página de internet de Obama y Biden sirvieron para recaudar casi 600 millones de dólares, registrar votantes y apelar al voto, usando al máximo la forma de comunicación de hoy, una herramienta que sus adversarios no pudieron usar con la misma destreza y que los nuevos votantes manejan a la perfección. Por ejemplo, el sitio de Obama era más completo que el de McCain y la información se conseguía más fácilmente. Pero que Obama haya renunciado al uso de dinero público manda al traste la ley McCain-Feingold que trataba de impedir que las empresas, los lobbies y "los grandes intereses" controlaran la política electoral es un gran retroceso. Aunque se dijo que el dinero de la campaña de Obama provenía de los pequeños donantes, la BBC aseguró que en realidad ocurría lo contrario. Que Obama no haya usado financiamiento público también obliga a un cambio en las reglas electorales, aunque queda por ver cómo. La mayoría de los legisladores en ambas cámaras no saben usar bien el internet, así que sus auxiliares, jóvenes en su mayoría, serán los que dicten las reglas al respecto.
En relación a la economía, el colapso financiero obliga a renovar las reglas y los compromisos con las empresas y la clase media. La inspiración que genera el carisma de Obama debe dar paso a una aportación a la cultura americana y deje su marca en los próximos años, renovando al capitalismo como debió haberse hecho desde 1989. No es aventurado decir que cada crisis económica en el mundo desde esa fecha a la actualidad pedía a gritos una renovación de ideas y estándares, después de todo, que el comunismo fracasara en Europa no significaba que el capitalismo triunfara. El "triunfalismo" que Estados Unidos vive desde entonces tiene que llegar a su fin.
Este cambio no es sólo alternancia política. La presidencia de George W. Bush ha causado un enorme daño al país de tantas maneras que los peores pronósticos que se hicieron en 2001 han sido superados con creces y para revertirlos se necesita algo más que un presidente demócrata. El partido republicano tiene que analizar sus fallos y moverse hacia el centro. Tiene que aportar mejores ideas y hacer una campaña basada en ellas, no en ataques. McCain es un excelente senador, cuya trayectoria desapareció una vez que la crisis financiera se convirtió en un lastre que arrastró a su campaña a esta derrota. Que haya perdido esta noche no significa que su carrera haya terminado. Al igual que Hillary Clinton, tiene un futuro en el Senado, logrando acuerdos bipartidistas. Que los demócratas tengan mayoría en el Congreso no singifica un "final feliz" ni una luna de miel con Obama. Los que le ayudaron a ganar las elecciones primarias pueden empezar a cobrarse el favor a partir del 20 de enero.
Las expectativas que creó Obama son muy altas y eso es delicado porque la promesa de cambio se convierte en un reto que se pondrá a prueba en política exterior, economía y seguridad social muy pronto. Su derrota en el sur marca una frontera que tiene traspasar a base de buen gobierno. Que las mujeres no hayan llegado a la Presidencia o la Vicepresidencia en 2008 significa que hay una barrera muy fuerte que tiene que romperse. Ojalá que muy pronto y ojalá que con una excelente candidata.
Aún así, Obama perdió en el Deep South, donde los negros son mayoría y 2/3 de los evangélicos votaron a los republicanos. Es decir, pese al triunfo de Obama el racismo no ha muerto. Se ha dado un paso muy importante al elegir al primer presidente afroamericano, pero eso no termina con la desconfianza y la férrea oposición que enfrentan los demócratas en esta zona. Es increíble que ni siquiera después del desastre administrativo y humanitario que fue el manejo post-huracán Katrina, los demócratas no puedan ganar una elección presidencial en esta zona (aunque les va mejor en elecciones para gobernador, senadores, alcaldes y representantes).
Por otro lado, no hay que olvidar que ésta es una generación acostumbrada a la tecnología cambiante. Los celulares, Facebook, YouTube, la página de internet de Obama y Biden sirvieron para recaudar casi 600 millones de dólares, registrar votantes y apelar al voto, usando al máximo la forma de comunicación de hoy, una herramienta que sus adversarios no pudieron usar con la misma destreza y que los nuevos votantes manejan a la perfección. Por ejemplo, el sitio de Obama era más completo que el de McCain y la información se conseguía más fácilmente. Pero que Obama haya renunciado al uso de dinero público manda al traste la ley McCain-Feingold que trataba de impedir que las empresas, los lobbies y "los grandes intereses" controlaran la política electoral es un gran retroceso. Aunque se dijo que el dinero de la campaña de Obama provenía de los pequeños donantes, la BBC aseguró que en realidad ocurría lo contrario. Que Obama no haya usado financiamiento público también obliga a un cambio en las reglas electorales, aunque queda por ver cómo. La mayoría de los legisladores en ambas cámaras no saben usar bien el internet, así que sus auxiliares, jóvenes en su mayoría, serán los que dicten las reglas al respecto.
En relación a la economía, el colapso financiero obliga a renovar las reglas y los compromisos con las empresas y la clase media. La inspiración que genera el carisma de Obama debe dar paso a una aportación a la cultura americana y deje su marca en los próximos años, renovando al capitalismo como debió haberse hecho desde 1989. No es aventurado decir que cada crisis económica en el mundo desde esa fecha a la actualidad pedía a gritos una renovación de ideas y estándares, después de todo, que el comunismo fracasara en Europa no significaba que el capitalismo triunfara. El "triunfalismo" que Estados Unidos vive desde entonces tiene que llegar a su fin.
Este cambio no es sólo alternancia política. La presidencia de George W. Bush ha causado un enorme daño al país de tantas maneras que los peores pronósticos que se hicieron en 2001 han sido superados con creces y para revertirlos se necesita algo más que un presidente demócrata. El partido republicano tiene que analizar sus fallos y moverse hacia el centro. Tiene que aportar mejores ideas y hacer una campaña basada en ellas, no en ataques. McCain es un excelente senador, cuya trayectoria desapareció una vez que la crisis financiera se convirtió en un lastre que arrastró a su campaña a esta derrota. Que haya perdido esta noche no significa que su carrera haya terminado. Al igual que Hillary Clinton, tiene un futuro en el Senado, logrando acuerdos bipartidistas. Que los demócratas tengan mayoría en el Congreso no singifica un "final feliz" ni una luna de miel con Obama. Los que le ayudaron a ganar las elecciones primarias pueden empezar a cobrarse el favor a partir del 20 de enero.
Las expectativas que creó Obama son muy altas y eso es delicado porque la promesa de cambio se convierte en un reto que se pondrá a prueba en política exterior, economía y seguridad social muy pronto. Su derrota en el sur marca una frontera que tiene traspasar a base de buen gobierno. Que las mujeres no hayan llegado a la Presidencia o la Vicepresidencia en 2008 significa que hay una barrera muy fuerte que tiene que romperse. Ojalá que muy pronto y ojalá que con una excelente candidata.
lunes, 3 de noviembre de 2008
Los indecisos
La mayoría de la gente sabe por quién va a votar SEMANAS antes de los comicios. Sin embargo, se queda por ahí un porcentaje aproximadamente del 10 al 15% de indecisos. En las elecciones primarias demócratas, eran los que en el último momento votaron por Hillary Clinton. Este año, cuando se espera que cerca de 130 millones de personas voten mañana (o que hayan votado anticipadamente), los indecisos pueden inclinar la balanza hacia cualquier lado en Carolina del Norte (15 votos electorales), Ohio (20), Missouri (11), Colorado (9), Nevada (5), Indiana (11), Pennsylvania (21), Virginia (13) y Florida (27). Todos éstos son estados donde ganó Bush en 2004, pero que ahora se dividen (prácticamente) entre John McCain y Barack Obama.
Entre los indecisos suelen estar muchos que están registrados como "independientes" y que, en muchos casos, desconfían de ambos extremos del espectro político. Así que puede que vean a John McCain como muy de derecha y/o a Obama como muy liberal. Si son partidarios del gobierno al mínimo, votarán por McCain. Especialmente porque el tema de la redistribución de riqueza que se dice que propone Obama le pone los pelos de punta a este grupo de personas. Pero la mayoría puede que se incline por Obama, sólo porque se ha mostrado más sereno e inteligente que McCain, por lo menos en lo que a la elección de VP respecta.
Claro, está el "Efecto Bradley", con encuestas que le dan un margen de ventaja a Obama de hasta el 13%, pero precisamente por eso no podemos olvidar que las encuestas se equivocaron hasta el cansancio en las elecciones primarias de los dos partidos. Pero más bien veremos un "Efecto Obama". La cantidad de gente en los mítines de Obama sobrepasa con creces los asistentes a los eventos de McCain y Palin (y estoy dejando fuera los town halls). Lo cierto es que en los próximos días podremos sacar conclusiones interesantes de una campaña que añade nuevos elementos: un candidato a presidente afroamericano, una candidata a vicepresidente republicana, el internet, cerca de 10 millones de nuevos votantes y muchos de ellos muy jóvenes, una polarización en aumento.
Y, no podemos olvidar que más dinero para gastar no se traduce en una victoria (Kerry recaudó más que Bush en 2004). Además, no necesariamente el candidato que obtiene más votos populares consigue los famosos 270 votos en el Colegio Electoral. Y, en este sentido, el margen de victoria, en número de votos puede ser ridículamente pequeño.
De modo que, lo único seguro es que mañana se rompan récords de votación en Estados Unidos. La gente siente que su voto es crucial para que gane su candidato, así que saldrá a votar. La cosa es que mañana es un día laboral, habrá largas filas y esperamos que no escaseen las boletas, que funcionen bien todos los mecanismos de votación y que la jornada transcurra tranquilamente.
Entre los indecisos suelen estar muchos que están registrados como "independientes" y que, en muchos casos, desconfían de ambos extremos del espectro político. Así que puede que vean a John McCain como muy de derecha y/o a Obama como muy liberal. Si son partidarios del gobierno al mínimo, votarán por McCain. Especialmente porque el tema de la redistribución de riqueza que se dice que propone Obama le pone los pelos de punta a este grupo de personas. Pero la mayoría puede que se incline por Obama, sólo porque se ha mostrado más sereno e inteligente que McCain, por lo menos en lo que a la elección de VP respecta.
Claro, está el "Efecto Bradley", con encuestas que le dan un margen de ventaja a Obama de hasta el 13%, pero precisamente por eso no podemos olvidar que las encuestas se equivocaron hasta el cansancio en las elecciones primarias de los dos partidos. Pero más bien veremos un "Efecto Obama". La cantidad de gente en los mítines de Obama sobrepasa con creces los asistentes a los eventos de McCain y Palin (y estoy dejando fuera los town halls). Lo cierto es que en los próximos días podremos sacar conclusiones interesantes de una campaña que añade nuevos elementos: un candidato a presidente afroamericano, una candidata a vicepresidente republicana, el internet, cerca de 10 millones de nuevos votantes y muchos de ellos muy jóvenes, una polarización en aumento.
Y, no podemos olvidar que más dinero para gastar no se traduce en una victoria (Kerry recaudó más que Bush en 2004). Además, no necesariamente el candidato que obtiene más votos populares consigue los famosos 270 votos en el Colegio Electoral. Y, en este sentido, el margen de victoria, en número de votos puede ser ridículamente pequeño.
De modo que, lo único seguro es que mañana se rompan récords de votación en Estados Unidos. La gente siente que su voto es crucial para que gane su candidato, así que saldrá a votar. La cosa es que mañana es un día laboral, habrá largas filas y esperamos que no escaseen las boletas, que funcionen bien todos los mecanismos de votación y que la jornada transcurra tranquilamente.
sábado, 1 de noviembre de 2008
Por qué puede ganar Obama:
De acuerdo con James Carville (el que dirigió la campaña de Bill Clinton en 1992), por lo siguiente:
La primera es que la administración de George W. Bush ha sido pésima y el estado de la economía refuerza esta impresión, lo que facilita la opción demócrata. Ha sido sencillo vincular a John McCain con Bush, desbaratando su campaña de “rebelde” y utilizando su propia trayectoria en su contra. El mensaje central, el “cambio” ha sido fácil de entender y sostener a lo largo de estos meses, con lo que llega mejor al votante. Es decir, como ocurrió con Kerry en 2004, si el candidato acepta las etiquetas que le cuelga su adversario, está perdido. McCain perdió la etiqueta de "rebelde" y su "yo no soy Bush" parece llegar demasiado tarde.
Obama y sus seguidores han utilizado el internet como nadie para hacer campaña a través de videos y comerciales, registrar votantes y recolectar una impresionante cantidad de dinero. Uno de los indicadores más sólidos está relacionado con la recaudación. Donar dinero a un candidato, la cantidad que sea, equivale a hacer una apuesta por alguien. Esto le permite pagar más anuncios de TV que casi están sepultando la campaña de McCain en zonas en disputa sin que éste pueda responderle. Hoy en día, McCain ha agotado su dinero (también hay que ver que McCain sí se sujetó a las cantidades oficiales estipuladas por la FEC y Obama, no).
A sus 47 años, Obama sería el primer presidente de la Generación X, por lo que no tiene los mismos problemas que sus predecesores. Es producto del liberalismo de los años 60, como lo demuestra su origen mestizo, que también le da una visión más amplia sobre la cuestión racial. A propósito, al resistir la tentación de basar su campaña en sobre la raza y lanzarse como un candidato “de todos”, ha logrado trascender, con cierto éxito, el espectro de identidades étnicas, aunque todavía no sabemos hasta qué punto. El temido "Efecto Bradley" nos hace temer que el margen de las encuestas no sea tan alto, pero eso lo sabremos el martes.
Asimismo, la mayoría de las encuestas sitúan a Obama entre 4 y 12 puntos arriba de McCain, a nivel nacional. Con todo y el “margen de error”, a estas alturas, es casi imposible que McCain pueda cerrar la brecha. Además, los cálculos sobre votos electorales le auguran una victoria abrumadora a Obama.
Pese a su juventud e inexperiencia, Obama ha mostrado inteligencia y un mejor control de sus emociones que John McCain, que tiene un fuerte temperamento. Barack ha mantenido un discurso serio y mesurado en medio de la debacle financiera, enfocándose en cómo resolver los problemas, sin profundizar en los detalles, que en atacar a su rival.
Una señal de su buen juicio es su elección de Joe Biden como su vicepresidente. Biden carece totalmente de carisma y no le ha sumado muchos votos electorales, pero tiene la experiencia que a él le falta y aunque no le sume muchos votos, tampoco se los resta. Sin duda, está preparado para ser presidente. Aunque no genere tanta atención como Sarah Palin, su desempeño en la campaña es aceptable.
Si bien durante la contienda contra Clinton, el joven senador ganó en los sectores más poblados y urbanizados, en las últimas semanas ha logrado acercarse a los votantes de la clase obrera y media (gracias a Biden) que se le habían escapado hasta ahora aún en estados típicamente republicanos, como Carolina del Norte o, probablemente, Pennsylvania. Y esto lo ha logrado con un ejército de voluntarios en todo Estados Unidos que tienen energía de sobra para buscar votos para él.
Barack Obama ha obtenido el apoyo de varios medios importantes, incluyendo The Chicago Herald Tribune, que por primera vez respalda a un demócrata y no es el único que quiere hacer historia. Ha cuidado los detalles al máximo y se ha enfrentado a sus críticos con magníficos discursos sobre patriotismo, raza y religión, por ejemplo, que generan entusiasmo. Pero, sobre todo, porque parece ser que su campaña ha hecho una mejor lectura del estado del país y de su gente y eso suele convertirse en una victoria.
La primera es que la administración de George W. Bush ha sido pésima y el estado de la economía refuerza esta impresión, lo que facilita la opción demócrata. Ha sido sencillo vincular a John McCain con Bush, desbaratando su campaña de “rebelde” y utilizando su propia trayectoria en su contra. El mensaje central, el “cambio” ha sido fácil de entender y sostener a lo largo de estos meses, con lo que llega mejor al votante. Es decir, como ocurrió con Kerry en 2004, si el candidato acepta las etiquetas que le cuelga su adversario, está perdido. McCain perdió la etiqueta de "rebelde" y su "yo no soy Bush" parece llegar demasiado tarde.
Obama y sus seguidores han utilizado el internet como nadie para hacer campaña a través de videos y comerciales, registrar votantes y recolectar una impresionante cantidad de dinero. Uno de los indicadores más sólidos está relacionado con la recaudación. Donar dinero a un candidato, la cantidad que sea, equivale a hacer una apuesta por alguien. Esto le permite pagar más anuncios de TV que casi están sepultando la campaña de McCain en zonas en disputa sin que éste pueda responderle. Hoy en día, McCain ha agotado su dinero (también hay que ver que McCain sí se sujetó a las cantidades oficiales estipuladas por la FEC y Obama, no).
A sus 47 años, Obama sería el primer presidente de la Generación X, por lo que no tiene los mismos problemas que sus predecesores. Es producto del liberalismo de los años 60, como lo demuestra su origen mestizo, que también le da una visión más amplia sobre la cuestión racial. A propósito, al resistir la tentación de basar su campaña en sobre la raza y lanzarse como un candidato “de todos”, ha logrado trascender, con cierto éxito, el espectro de identidades étnicas, aunque todavía no sabemos hasta qué punto. El temido "Efecto Bradley" nos hace temer que el margen de las encuestas no sea tan alto, pero eso lo sabremos el martes.
Asimismo, la mayoría de las encuestas sitúan a Obama entre 4 y 12 puntos arriba de McCain, a nivel nacional. Con todo y el “margen de error”, a estas alturas, es casi imposible que McCain pueda cerrar la brecha. Además, los cálculos sobre votos electorales le auguran una victoria abrumadora a Obama.
Pese a su juventud e inexperiencia, Obama ha mostrado inteligencia y un mejor control de sus emociones que John McCain, que tiene un fuerte temperamento. Barack ha mantenido un discurso serio y mesurado en medio de la debacle financiera, enfocándose en cómo resolver los problemas, sin profundizar en los detalles, que en atacar a su rival.
Una señal de su buen juicio es su elección de Joe Biden como su vicepresidente. Biden carece totalmente de carisma y no le ha sumado muchos votos electorales, pero tiene la experiencia que a él le falta y aunque no le sume muchos votos, tampoco se los resta. Sin duda, está preparado para ser presidente. Aunque no genere tanta atención como Sarah Palin, su desempeño en la campaña es aceptable.
Si bien durante la contienda contra Clinton, el joven senador ganó en los sectores más poblados y urbanizados, en las últimas semanas ha logrado acercarse a los votantes de la clase obrera y media (gracias a Biden) que se le habían escapado hasta ahora aún en estados típicamente republicanos, como Carolina del Norte o, probablemente, Pennsylvania. Y esto lo ha logrado con un ejército de voluntarios en todo Estados Unidos que tienen energía de sobra para buscar votos para él.
Barack Obama ha obtenido el apoyo de varios medios importantes, incluyendo The Chicago Herald Tribune, que por primera vez respalda a un demócrata y no es el único que quiere hacer historia. Ha cuidado los detalles al máximo y se ha enfrentado a sus críticos con magníficos discursos sobre patriotismo, raza y religión, por ejemplo, que generan entusiasmo. Pero, sobre todo, porque parece ser que su campaña ha hecho una mejor lectura del estado del país y de su gente y eso suele convertirse en una victoria.
viernes, 31 de octubre de 2008
¿Puede ganar John McCain?
Según Karl Rove, sí. Por las siguientes razones:
Todavía hay quienes se resisten a votar por un candidato negro y le mienten a los encuestadores para no pasar por racistas. Algunos creen que Obama es musulmán y tiene lazos con terroristas (no islámicos) como William Ayers. Los votos de los estados del centro y el sur de Estados Unidos suelen ser para el partido republicano y la elección se decide por votos electorales, no populares. Cada estado aporta 3 ó 5 votos electorales, pero son muchos estados. McCain sólo tiene que ganar donde ganó Bush en 2004 y añadir uno o más. En los últimos años los márgenes de victoria han sido muy reducidos. Los sistemas de voto pueden fallar, ya sea a través de computadoras o boletas, como ocurrió en Florida en 2000 y los votos a favor de Obama pueden esfumarse en estados críticos. Se cree que las ciudades grandes votan por los demócratas y los pueblos, por los republicanos. El mapa electoral es mucho más complejo: los suburbios tienen distintas preferencias que no siempre se reflejan en estos cálculos. Sarah Palin, si bien ha sido algo polarizante, ha logrado energizar a los republicanos de bajos ingresos: Joe Sixpackers, las hockey/soccer moms, la clase obrera, los evangelistas y pro-vidas, etc., que dudaban de McCain. Se han introducido iniciativas de ley sobre el matrimonio homosexual en estados indecisos, para que la gente cambie a favor del candidato conservador en el último minuto. Esto le funcionó a George W. Bush en 2004. La teoría dice que el candidato del establishment es el que gana siempre. Aunque haya quienes no estén de acuerdo en todo con McCain o con Palin, los republicanos son más disciplinados y para ellos es peor votar por un “liberal”. La trayectoria personal cuenta, a pesar de los “erráticos” giros que se hayan dado en la campaña. McCain es un moderado y tiene un sólido pasado bipartidista. Tal vez la etiqueta de “rebelde” se haya desgastado, pero ha mostrado un juicio y una entereza que Obama le envidiaría. Aunque el estado de la economía y el descontento con la Administración Bush favorecen a los demócratas, éstos son los peores enemigos de sí mismos y pueden perder la elección. Así ocurrió con Jimmy Carter en 1980 y Michael Dukakis en 1988. Pese a que la intención de voto favorezca a Obama, la elección es un martes, día laborable y la mayoría de los que votarán por él sólo tendrán una hora para hacer fila, votar, comer y volver al trabajo. Para evitarlo, están optando por el “voto temprano”, que es una fecha distinta al día oficial, para quienes el 4 de noviembre no pueden acudir a las urnas. Su fórmula incluye una gobernadora del norte y un senador del sur, respetando el equilibrio político del país, la de Obama, no.
Todavía hay quienes se resisten a votar por un candidato negro y le mienten a los encuestadores para no pasar por racistas. Algunos creen que Obama es musulmán y tiene lazos con terroristas (no islámicos) como William Ayers. Los votos de los estados del centro y el sur de Estados Unidos suelen ser para el partido republicano y la elección se decide por votos electorales, no populares. Cada estado aporta 3 ó 5 votos electorales, pero son muchos estados. McCain sólo tiene que ganar donde ganó Bush en 2004 y añadir uno o más. En los últimos años los márgenes de victoria han sido muy reducidos. Los sistemas de voto pueden fallar, ya sea a través de computadoras o boletas, como ocurrió en Florida en 2000 y los votos a favor de Obama pueden esfumarse en estados críticos. Se cree que las ciudades grandes votan por los demócratas y los pueblos, por los republicanos. El mapa electoral es mucho más complejo: los suburbios tienen distintas preferencias que no siempre se reflejan en estos cálculos. Sarah Palin, si bien ha sido algo polarizante, ha logrado energizar a los republicanos de bajos ingresos: Joe Sixpackers, las hockey/soccer moms, la clase obrera, los evangelistas y pro-vidas, etc., que dudaban de McCain. Se han introducido iniciativas de ley sobre el matrimonio homosexual en estados indecisos, para que la gente cambie a favor del candidato conservador en el último minuto. Esto le funcionó a George W. Bush en 2004. La teoría dice que el candidato del establishment es el que gana siempre. Aunque haya quienes no estén de acuerdo en todo con McCain o con Palin, los republicanos son más disciplinados y para ellos es peor votar por un “liberal”. La trayectoria personal cuenta, a pesar de los “erráticos” giros que se hayan dado en la campaña. McCain es un moderado y tiene un sólido pasado bipartidista. Tal vez la etiqueta de “rebelde” se haya desgastado, pero ha mostrado un juicio y una entereza que Obama le envidiaría. Aunque el estado de la economía y el descontento con la Administración Bush favorecen a los demócratas, éstos son los peores enemigos de sí mismos y pueden perder la elección. Así ocurrió con Jimmy Carter en 1980 y Michael Dukakis en 1988. Pese a que la intención de voto favorezca a Obama, la elección es un martes, día laborable y la mayoría de los que votarán por él sólo tendrán una hora para hacer fila, votar, comer y volver al trabajo. Para evitarlo, están optando por el “voto temprano”, que es una fecha distinta al día oficial, para quienes el 4 de noviembre no pueden acudir a las urnas. Su fórmula incluye una gobernadora del norte y un senador del sur, respetando el equilibrio político del país, la de Obama, no.
miércoles, 29 de octubre de 2008
El Colegio Electoral: tan importante y tan desconocido
La euforia de las elecciones primarias todavía se siente. Pero se nos olvidan pequeños detalles que son muy importantes: los 18 millones de votos de Hillary Clinton no sirvieron de nada frente a los 2195 delegados y superdelegados que conquistó Barack Obama y que le permitieron contender por la Casa Blanca.
La gran popularidad de Barack Obama nos hace olvidarnos de que no basta el voto popular para ganar las elecciones. Es más, como Al Gore no puede olvidar, no necesariamente el que gana los votos populares es el que consigue los votos electorales. De modo que, aprovecho la ocasión para hacer un repaso de esa institución tan rara que es el Colegio Electoral, para que luego no haya sorpresas:
Cada estado tiene un número de electores en el Colegio Electoral que es igual al total de sus senadores en el Congreso (siempre son 2) y sus representantes, que éstos se determinan por el tamaño de la población del estado. Técnicamente, los americanos votan por los electores, no por el candidato.
California, el estado más grande, tiene 55 votos electorales. Algunos estados tienen sólo 3 votos (que es el mínimo garantizado).
Hay 538 electores en el Colegio Electoral. En todos los estados, excepto en Maine y Nebraska, el Colegio trabaja en una base de “el que gana se lleva todo”. El que gana el voto popular en un estado consigue todos los votos del Colegio Electoral en ese estado.
Para convertirse en presidente, un candidato necesita 270 votos en el Colegio Electoral. El candidato ganador no necesita conseguir el voto popular nacional.
El Colegio electoral surge porque cuando se fundaron los Estados Unidos, era imposible hacer una campaña nacional, dado el sistema de comunicaciones de la época; los estados siempre han sido muy celosos de sus derechos; los partidos políticos desconfiaban y se temía al voto popular.
Los redactores de la Constitución en 1787 rechazaron tanto la elección del presidente por el Congreso –por la separación de poderes- como la elección por voto popular directo, debido a que la tente podría votar por su candidato local y los estados grandes podrían dominar.
Otro factor fue que los estados sureños favorecían el sistema colegial. Los estados no tenían votos, pero contaban como 3/5 de una persona para calcular el tamaño de la población de un estado.
La idea original era que sólo los grandes y buenos en cada estado formarían los electores en el Colegio Electoral. Con los años el Colegio se ha modificado para reflejar la voluntad popular.
Ventajas:
El sistema del Colegio Electoral es respetado por sus raíces históricas y porque generalmente refleja el voto popular. TAmbién otorga más peso a los pequeños estados –uno de los pesos y contrapesos que la Constitución americana valora.
Por ejemplo, el estado más grande, California, tiene 12.03% de la población total de Estados Unidos, pero sus 55 votos del Colegio Electoral representan sólo 10.22% del total colegial. Wyoming, un estado poco poblado, tiene 0.18% de la población americana, pero sus tres asientos en el Colegio Electoral le otorgan un 0.56% de los votos del Colegio.
El sistema de Coelgio también implica que un candidato necesita conseguir votos provenientes de todo el país.
Además, desde que se implementó, sólo ha fallado 3 veces (es decir, donde la presidencia la tiene el que no gana los votos populares).
En caso de empate, la decisión debe tomarla la Cámara de Representantes, porque sus asientos se otorgan en proporción a la población y, por lo tanto, refleja la voluntad popular mejor que el Senado. Cada delegación estatal, sin embargo, tiene sólo un voto, lo que significa que el partido mayoritario en cada delegación puede controlar el voto. Se requiere una mayoría absoluta de estados para la elección.
El vice-presidente es elegido por el Senado, con los senadores votando de forma individual.
Los cambios en la demografía desde la elección de 2000 han resultado en un incremento neto de siete votos del Colegio Electoral en estados que en 2000 votaron por Bush (republicano).
En 2004 había 70 votos del Colegio Electoral en estados demócratas “vulnerables”, pero sólo 65 en estados republicanos “vulnerables”: un balance de cinco votos del Colegio Electoral favorable a Bush.
Bush ganó el Colegio Electoral por 2000 por 271 votos, sólo cinco votos más que Al Gore.
En Colorado intentaron hacer una reforma en 2004, esperando que los votos electorales se repartieran de acuerdo a los votos populares, pero no prosperó. Es difícil que lo haga en otros estados.
Así que, antes de predecir quién puede ganar o no, hay que contar los votos electorales, ésos son los que cuentan.
La gran popularidad de Barack Obama nos hace olvidarnos de que no basta el voto popular para ganar las elecciones. Es más, como Al Gore no puede olvidar, no necesariamente el que gana los votos populares es el que consigue los votos electorales. De modo que, aprovecho la ocasión para hacer un repaso de esa institución tan rara que es el Colegio Electoral, para que luego no haya sorpresas:
Cada estado tiene un número de electores en el Colegio Electoral que es igual al total de sus senadores en el Congreso (siempre son 2) y sus representantes, que éstos se determinan por el tamaño de la población del estado. Técnicamente, los americanos votan por los electores, no por el candidato.
California, el estado más grande, tiene 55 votos electorales. Algunos estados tienen sólo 3 votos (que es el mínimo garantizado).
Hay 538 electores en el Colegio Electoral. En todos los estados, excepto en Maine y Nebraska, el Colegio trabaja en una base de “el que gana se lleva todo”. El que gana el voto popular en un estado consigue todos los votos del Colegio Electoral en ese estado.
Para convertirse en presidente, un candidato necesita 270 votos en el Colegio Electoral. El candidato ganador no necesita conseguir el voto popular nacional.
El Colegio electoral surge porque cuando se fundaron los Estados Unidos, era imposible hacer una campaña nacional, dado el sistema de comunicaciones de la época; los estados siempre han sido muy celosos de sus derechos; los partidos políticos desconfiaban y se temía al voto popular.
Los redactores de la Constitución en 1787 rechazaron tanto la elección del presidente por el Congreso –por la separación de poderes- como la elección por voto popular directo, debido a que la tente podría votar por su candidato local y los estados grandes podrían dominar.
Otro factor fue que los estados sureños favorecían el sistema colegial. Los estados no tenían votos, pero contaban como 3/5 de una persona para calcular el tamaño de la población de un estado.
La idea original era que sólo los grandes y buenos en cada estado formarían los electores en el Colegio Electoral. Con los años el Colegio se ha modificado para reflejar la voluntad popular.
Ventajas:
El sistema del Colegio Electoral es respetado por sus raíces históricas y porque generalmente refleja el voto popular. TAmbién otorga más peso a los pequeños estados –uno de los pesos y contrapesos que la Constitución americana valora.
Por ejemplo, el estado más grande, California, tiene 12.03% de la población total de Estados Unidos, pero sus 55 votos del Colegio Electoral representan sólo 10.22% del total colegial. Wyoming, un estado poco poblado, tiene 0.18% de la población americana, pero sus tres asientos en el Colegio Electoral le otorgan un 0.56% de los votos del Colegio.
El sistema de Coelgio también implica que un candidato necesita conseguir votos provenientes de todo el país.
Además, desde que se implementó, sólo ha fallado 3 veces (es decir, donde la presidencia la tiene el que no gana los votos populares).
En caso de empate, la decisión debe tomarla la Cámara de Representantes, porque sus asientos se otorgan en proporción a la población y, por lo tanto, refleja la voluntad popular mejor que el Senado. Cada delegación estatal, sin embargo, tiene sólo un voto, lo que significa que el partido mayoritario en cada delegación puede controlar el voto. Se requiere una mayoría absoluta de estados para la elección.
El vice-presidente es elegido por el Senado, con los senadores votando de forma individual.
Los cambios en la demografía desde la elección de 2000 han resultado en un incremento neto de siete votos del Colegio Electoral en estados que en 2000 votaron por Bush (republicano).
En 2004 había 70 votos del Colegio Electoral en estados demócratas “vulnerables”, pero sólo 65 en estados republicanos “vulnerables”: un balance de cinco votos del Colegio Electoral favorable a Bush.
Bush ganó el Colegio Electoral por 2000 por 271 votos, sólo cinco votos más que Al Gore.
En Colorado intentaron hacer una reforma en 2004, esperando que los votos electorales se repartieran de acuerdo a los votos populares, pero no prosperó. Es difícil que lo haga en otros estados.
Así que, antes de predecir quién puede ganar o no, hay que contar los votos electorales, ésos son los que cuentan.
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